Nota de lectura: Dávila, Hernandez, Enriquez y Dagerman.
Agustina Mena Grande.
Comisión 05, profesor Santiago Castellano.
Realizar una nota de lectura de: "El huésped", "Invitación", "Los años intoxicados" y "Matar a un niño" del cuadernillo de cuentos de teóricos. Cuáles son las dos historias, cómo es el narrador, cómo se representa a los personajes.
Modalidad individual.
Primera escritura.
Nota de lectura: Dávila, Hernández, Enriquez y Dagerman.
El huésped. - Amparo Dávila.
La historia superficial es la llegada de un ser siniestro, que el marido de la narradora trae a vivir a su casa, en un pueblo pequeño e incomunicado. La simple presencia de este huésped convierte la vida de la protagonista, la de sus hijos y de la sirvienta Guadalupe en un infierno de estar en constante vigilancia y con mucho miedo, debido a que el ser los persigue y ataca. Finalmente, el marido tiene un viaje que lo mantendrá fuera de casa por unos días, por lo que la sirvienta y la narradora lo toman como oportunidad para encerrar a este "monstruo" en un cuarto y dejarlo morir debido al hambre y a la falta de aire.
Por otro lado, la historia secreta, funciona como una metáfora de la opresión doméstica y la violencia de género. El “huésped” puede tomarse como una personificación de la crueldad e indiferencia por parte del marido hacia su esposa, y que a su vez, demuestra una extraña afinidad hacia él.
El verdadero conflicto es la lucha de estas dos mujeres en recuperar su hogar y su seguridad frente a una amenaza impuesta por el patriarca de la casa. El acto final de encerrar al huésped representa la alianza y liberación de las mujeres ante un entorno hostil y asfixiante.
Con respecto al narrador, está en primera persona protagonista, la esposa que vive en la casa en donde se desarrolla la historia. Su voz está cargada de angustia, desamparo y un miedo constante que tiñe todo el relato. Además, nos ofrece una perspectiva íntima y personal de los acontecimientos. El lector, a partir de su relato, puede experimentar su soledad absoluta, ya que no tiene amigos ni dinero para huir, y su única aliada es Guadalupe. El hecho de que nunca nombre o describa detalladamente qué es el huésped (usando siempre “él”, “ese ser”, “la cosa”, etc) refuerza la atmósfera de terror psicológico.
Y, por último, los personajes se presentan a partir de una dinámica de poder y vulnerabilidad. La narradora es presentada como una mujer infeliz y atrapada en las estructuras de poder de su hogar, en donde su voz y preocupaciones son minimizadas e ignoradas. El marido es un personaje frío, autoritario y distante, que goza con la presencia del huésped y tilda de “histérica” a su mujer cuando pide ayuda. Guadalupe, la sirvienta de la casa, es presentada como una mujer noble y valiente que, movida por el amor hacia su hijo que fue atacada por el huésped, transforma su temor en un odio que pedía venganza. El huésped es una figura deshumanizada, definida únicamente por su maldad y su dieta de carne cruda. Finalmente, los hijos, que sirven como una capa adicional de tensión y preocupación para la narradora.
Invitación. - Claudia Hernández.
La historia superficial relata el encuentro de una mujer con su yo de la infancia personificado en una niña que corre frente a su ventana. Esta versión infantil la invita insistentemente a salir a la calle a jugar. Alentada por la voz de su versión anciana, la protagonista sale de su casa envuelta en una sábana y sigue a la niña en una carrera por toda la ciudad. Tras perderse por el laberinto de calles, regresa a su casa solo para descubrir que sus dos versiones, la “yo-niña” y “yo-vieja”, le bloquearon la puerta y se apropiaron de su hogar. Finalmente, la protagonista, se ve obligada a buscar una nueva casa que en lo posible esté muy alejada y aislada para prevenirse de volver a escuchar las voces de sus dos versiones.
La historia secreta trata sobre el peligro de perderse a uno mismo por vivir pendiente del pasado o del futuro. La mujer sigue a su versión niña y le hace caso a su versión vieja, pero esto hace que se quede sin lugar en el presente.
En el final del relato, cuando la protagonista queda fuera de su casa hace alusión a que, en realidad, ha perdido su identidad y ya no es dueña de su propia vida. Por eso, luego, decide mudarse y alejarse de todo para encerrarse en un lugar alto y no volver a escuchar esas voces. Para protegerse de sus propios miedos y recuerdos.
El narrador está en primera persona protagonista, que relata los hechos con naturalidad frente a cosas muy extrañas (verse a sí misma en su versión niña y anciana). Su voz nos permite acceder a la vulnerabilidad del personaje, desde el asombro al verse de niña hasta el agotamiento y la desesperación por darse cuenta que se perdió y se quedó sin casa. Su mirada es muy personal, debido a que se enfoca en lo que siente su cuerpo (como el cansancio y el dolor de sus pies por correr descalza en el asfalto caliente). En el final, la narradora, termina resignada y con miedo.
Por último, los personajes se representan como tres versiones de la misma mujer que conviven en un mismo tiempo: la niña, la adulta y la anciana. La niña, al principio, es mostrada como alegre y juguetona pero, al final del relato, termina siendo cruel y burlona. Mientras que la anciana, es descrita como una “voz de mando”. Y, finalmente, la yo-adulta (presente) aparece como un ser vulnerable y cansado, que termina perdiendo su identidad al ser desplazada y encerrada fuera de su propio hogar por sus dos versiones.
Los años intoxicados. - Mariana Enriquez.
La historia superficial sigue la vida de tres amigas; Paula, Andrea y la narradora, entre los años 1989 y 1994. El relato describe la transición de la adolescencia a la adultez marcado por un contexto de crisis económica, hiperinflación y cambios políticos, mientras pasan el tiempo consumiendo diversas drogas, viajando a Buenos Aires y obsesionándose con una chica misteriosa que vieron bajar del ómnibus en un bosque oscuro en medio de la nada.
Mientras que la historia secreta da a conocer como estas chicas crecieron en un entorno de abandono familiar y el marcado desinterés de la realidad en la que viven. La “intoxicación” no es únicamente por las sustancias sino que hace alusión al mundo adulto y la búsqueda de una identidad basada en la autodestrucción y la violencia. Es por ello que el pacto que realizan las tres jóvenes acerca de nunca tener novios y mantenerse “pálidas como chicas muertas” revela un deseo de escapar de una realidad que perciben de manera estúpida y opresiva, finalizando en un acto de crueldad hacia el novio de Andrea para reafirmar su vínculo tóxico.
En cuanto al narrador, se trata de una primera persona protagonista que relata los hechos de manera retrospectiva. Su voz es cínica y utiliza frecuentemente el “nosotras” para remarcar que, durante esos años, las identidades de esas amigas estaban fundidas, compartiendo gestos, ropa y una visión del mundo marcada por la apatía y la crueldad hacia lo que consideran inocente.
Los personajes se presentan como seres que buscan constantemente volverse invisibles, con el ideal de ser “livianas y pálidas” para no dejar siquiera una huella en la nieve aunque en su ciudad jamás nevaba. Se definen por su manera de imitarse, copiándose los gestos y la forma de hablar hasta parecer físicamente iguales.
Andrea, que se la describe como la más bella pero débil frente a los hombres. Paula como la más extrema a su rechazo con el contacto masculino. Y, por último, la narradora que registra con frialdad la desintegración de sus familias.
Matar a un niño. - Stig Dagerman.
La historia superficial relata los sucesos de una mañana de domingo tranquila y soleada en un valle. Por un lado, una pareja joven y feliz, viajan en un auto azul hacia un lago para pasar el día remando. Mientras que, en otro pueblo cercano, una madre descubre que no tiene azúcar para el desayuno y manda a su hijo a pedirle prestada a unos vecinos. En el momento en que el niño cruza el camino, el auto lo atropella y lo mata instantáneamente. El relato concluye con el hombre regresando a su casa lentamente, en un silencio profundo, sabiendo que su vida ha cambiado completamente.
Mientras que la historia secreta explora la fragilidad de la felicidad y como la vida puede transformarse por un accidente. El cuento demuestra que no siempre la tragedia necesita de “villanos”, sino que el azar y las pequeñas decisiones cotidianas (como olvidar el azúcar, en el caso de la madre, y llegar temprano al mar, como en el de la pareja) pueden terminar en un acto fatal. Y, en el final, deja un mensaje de que hay culpas y dolores que el tiempo no puede borrar, rompiendo con la idea de que la vida es justa.
En cuanto al narrador, se encuentra en una tercera persona omnisciente asumiendo un rol de observador que sabe el destino. Desde un comienzo, el narrador, remarca un final trágico, eliminando todo tipo de suspenso para centrarse en la inevitable desgracia.
Finalmente, los personajes se representan de manera anónima, permitiendo que la tragedia se sienta más universal. Se los describe a través de sus deseos y acciones cotidianas.
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