Cuento en base a un secreto.
Agustina Mena Grande.
Comisión 05, profesor Santiago Castellano.
Eligen un secreto y escriben un cuento a partir del mismo, en el que dos personajes luchan por el secreto o lo oculto. Uno de ellos quiere que se revele el secreto, el otro no.
Modalidad individual.
Primera escritura.
El título en juego.
Bautista nunca se imaginaría que su mejor amigo Facundo, al que le confía absolutamente todo, sea capaz de sacar a la luz su secreto más filoso. Ambos están en el mismo curso de inglés, los jueves a las cuatro y media de la tarde. Cada vez falta menos para que termine su último año de secundaria, así que tanto Bautista como Facundo, deben prepararse para el examen que define si repiten o por fin terminar el ciclo escolar.
Pero uno de los dos estaba mucho más complicado. Bautista, quien es el típico alumno que si no fuese por su carisma y su gran habilidad del chamuyo para responder, se hubiese llevado hasta el recreo desde que comenzó el secundario. Básicamente vive zafando con lo justo y necesario. Hasta que, este año, en el curso de inglés hubo un cambio de último momento. La profesora que tuvo desde que inició el secundario decidió jubilarse. Y eso supuso un reemplazo no tan beneficioso para Bautista. Esta profesora era mucho más exigente y estructurada, ya no podía simplemente improvisar con lo que tenía y salirse con la suya. Desde el inicio de curso que le está yendo pésimo. Ni con profesoras particulares pudo remontar. Y sí, en plural, porque ya va por la tercera para que lo ayude a mejorar.
No fue hasta la semana pasada que llegó al colegio con esta idea que se le había ocurrido.
– ¿Y si arreglo con la profesora? – dijo mientras dejaba la mochila arriba del banco.
Facundo soltó una risa corta, creyendo que era un chiste. A veces a Bauti se le ocurren esas ideas locas pero después no termina haciendo nada. Pero cuando vió que su amigo estaba serio, entendió que no se trataba de ninguna broma.
– ¿Cómo “arreglar”?
– Eso… darle plata. Mi viejo hizo algo parecido cuando iba al colegio. Nadie se enteró.
Facundo lo miró sorprendido. Nunca lo había escuchado hablar tan tranquilo sobre algo así. Bautista siempre parecía relajado, como si nada le importara demasiado, pero esa vez había algo distinto en su voz, como si estuviera desesperado.
– Bauti, eso está re mal.
– ¿Y qué querés que haga? ¿Repetir el último año solo por inglés? Mi vieja me mata si se entera, ya con haber tenido tres profesoras particulares es demasiado.
Facundo no respondió. Se quedó pensando mientras la profesora empezaba la clase. Desde hacía meses veía a Bautista cada vez más agotado, más nervioso, intentando estudiar algo que simplemente no le salía. Pero una cosa era tener dificultades y otra muy distinta era comprar una nota.
Esa tarde, cuando terminó la clase, Bautista frenó a la profesora antes de que saliera del aula. Hablaron apenas unos minutos en voz baja. Facundo no logró escuchar nada, aunque alcanzó a ver cómo Bautista guardaba un sobre dentro de la mochila.
Desde ese día, el ambiente entre ellos cambió. Bautista actuaba como si nada hubiese pasado, pero Facundo sentía el secreto creciendo entre los dos, ocupando cada conversación y cada silencio. Ya no podía mirarlo igual.
El problema explotó una semana después, cuando entregaron las notas del simulacro del “Final exam”. Bautista, que jamás aprobaba ni una actividad tan simple como el multiple choice, se había sacado un nueve. La noticia recorrió el curso entero. Algunos lo felicitaron, asombrados por este “milagro”, que por fin después de cinco particulares logró aprobar; mientras que otros desconfiaban en silencio.
En el recreo, Facundo lo encaró atrás del patio grande donde hacían gimnasia.
– Decime la verdad. ¿Le pagaste?
– No tenés que meterte. – contestó, luego de unos segundos.
– Sí tengo que meterme, porque soy tu amigo.
– Entonces actuá como un amigo y no digas nada.
Facundo sintió bronca. No solo por la trampa, sino porque Bautista parecía convencido de que todo podía solucionarse escondiendo las cosas.
– ¿Nunca escuchaste la frase “las mentiras tienen patas cortas”? Bueno, es verdad. Aunque no quieras, tarde o temprano todos se van a enterar.
Bautista bajó la mirada. Pero, a su izquierda, había una cartulina entre muchas otras que habían hecho las profesoras de inglés del primario y decía “What if it goes right?”. Lo tomó como una última esperanza.
– No entendés nada. Mi vieja vive diciendo que soy el orgullo de la familia porque voy a terminar el secundario. Si se entera de esto, la destruyo.
Por primera vez, Facundo entendió que el miedo de Bautista no era repetir, sino decepcionar a su mamá. Aun así, el secreto le pesaba demasiado. Sentía que si seguía callado también estaba participando de la mentira.
Pasaron varios días sin hablarse. Hasta que llegó el examen final. Cuando todos estaban entrando al aula, la directora apareció acompañada por la profesora de inglés. Tenían caras serias.
– Antes de empezar, necesitamos hablar de una situación grave – anunció la directora.
Bautista se quedó congelado. Miró automáticamente a Facu, convencido de que había contado todo. Pero su amigo también parecía confundido. La profesora respiró hondo.
– Recibí dinero de un alumno para modificar una clasificación. Y quiero asumir mi responsabilidad antes de continuar. – dijo con un tono serio pero que se notaba un tanto arrepentida por haberlo aceptado.
El aula entera quedó en silencio. Bautista sintió cómo se le aflojaban las piernas. Nunca imaginó que ella misma lo admitiría. Pensó en su mamá, en el esfuerzo que hizo por conseguirle las profesoras particulares, en el título, en todo lo que había intentado ocultar. De golpe entendió que el secreto nunca había estado realmente seguro. Facundo lo observó desde el otro lado del salón. No hizo falta decir nada. A veces, guardar un secreto también termina destruyendo a quien lo esconde.
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