Más que libros.

Agustina Mena Grande

Comisión 05, profesor Santiago Castellano.

Escribir una crónica narrativa o un ensayo a partir de la visita, que integre parte de los materiales recolectados y que focalice en la importancia/amor por la lectura en la sociedad argentina y en su historia personal.

Modalidad individual.

Primera escritura.

Más que libros. 

Cada año espero con ansias esta época. Durante esas dos semanas, hay un día en el que puedo perderme entre páginas y encontrarme con personas que aman esto tanto como yo. 

Muchos creen que la Feria del Libro es solamente un lugar para comprar novelas y recorrer stands. Pero, cada vez que voy, siento que es mucho más que eso: es descubrir autores nuevos, escuchar charlas que te dejan pensando y salir con ideas que no tenías antes. 


Este año fue la 50.ª edición de la Feria del Libro. Desde la entrada, el movimiento era constante. Personas de todas las edades caminaban por los pabellones con un mapa en la mano, con bolsas llenas de libros o simplemente charlando. Algunos recorrían los stands con paciencia, otros se detenían a escuchar las charlas de autores o entrevistas. 


Después de casi tres años, esta vez decidí ir un fin de semana. Por lo general voy durante la semana, ya que se puede recorrer con más tranquilidad y sin tanto alboroto. Sin embargo, decidí ir ese día porque una de las autoras que leo iba a dar una charla y firmar ejemplares. Estaba muy emocionada, ya que era la primera vez que asistía a una charla dentro de la feria. 


Una vez dentro de la sala Tulio Halperin Dongh, justo a la derecha de la entrada del pabellón azul, esperé junto con unas cien personas a que comenzara la charla. La autora no estaba sola, sino que compartía el espacio con otra escritora de la misma editorial. La charla duró aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Al principió, solo respondían preguntas del presentador pero, hacia el final, también participaron algunas personas del público. 

Lo que comenzó de manera tímida terminó convirtiéndose en una conversación más dinámica y relajada. El público estaba atento a cada respuesta de las autoras y, para descontracturar el ambiente, ellas hacían chistes sobre sus procesos de escritura, completamente opuestos entre sí. 


La autora que había ido a ver contó que, durante un tiempo, pensó en no publicar su tercer libro. Finalmente, decidió borrar todo y reescribirlo desde cero. En cambio, la otra autora tenía una forma de trabajar mucho más estructurada: se propuso terminar su libro para una fecha determinada y lo logró de manera muy organizada. 


Cuando terminó la charla, gran parte del público se levantó rápidamente para hacer la fila de firmas que quedaba en el otro extremo de los pabellones, en el amarrillo. Aunque la espera era larga, nadie parecía molesto. Algunos repasaban preguntas que no se habían animado a hacer durante la charla; otros comentaban entre ellos sus libros favoritos o aquellos que querían comprar. 


Luego de casi dos horas de fila, por fin tuve el placer de conocer a la autora, Agustina Buera. Estaba muy nerviosa y feliz; por fin podía decirle cuánto me habían gustado sus dos primeros libros y lo emocionada que estaba por leer el nuevo. Fue muy simpática. Saludaba a cada persona con un abrazo, como si fueran amigos que se reencontraban después de mucho tiempo. Además, se tomaba unos minutos para hablar con cada uno y hacer dedicatorias personalizadas, agradeciendo que eligieron sus historias. 


Después de la firma, seguí recorriendo los pabellones. A pesar de haber ido principalmente a la charla y la firma, terminé pasando el resto del día caminando entre stands repletos de personas. Algunos espacios estaban tan llenos que era difícil avanzar, mientras que otros permitían quedarse mirando los libros con más tranquilidad. 


Como todos los años, hubo títulos que me llamaron la atención apenas los vi. Por ejemplo, en el stand de Kell, "The bell jar" de Sylvia Plath o "Cleopatra & Frankenstein" de Coco Mellors. Ambas portadas me hipnotizaron de lo bellas que eran. También descubrí autores que no conocía, pero sí su novela más famosa, como Ariana Harwicz y anoté varios títulos para leer más adelante entre ellos: “Cadáver exquisito” de Agustina Bazterrica, “Los veranos olvidados” de Andrea Longarela y “Funny story” de Emily Henry. 


Uno de los momentos que más disfruto de la Feria Internacional del Libro es justamente ese: perderme entre mesas llenas de historias, leer contratapas al azar y encontrar libros que probablemente nunca habría visto en otro lugar. Incluso si compro o no algo, siempre termino llevándome recomendaciones, ideas o nuevas ganas de leer.


Mientras recorría los pabellones, pensaba en cómo, a pesar del paso del tiempo y de las nuevas formas de entretenimiento, la lectura sigue ocupando un lugar importante para muchas personas. La Feria del Libro lo demuestra cada año: las personas haciendo filas infinitas para escuchar autores, conseguir firmas o simplemente recorrer por horas los stands llenos de todo tipo de libros. Aunque las personas dentro de la feria busquen historias distintas, todos nos movemos por una misma pasión: la lectura. 


En mi caso, los libros ocupan un lugar importante desde que soy pequeña. Más allá de lo material, siempre encontré en ellos una forma de desconectarme, imaginar otros mundos y conocer distintas perspectivas. Por eso, cada vez que voy a la Feria del Libro, siento que no solo entro a un evento cultural, sino también a un espacio donde miles de personas comparten el mismo sentimiento que yo.


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