El quiebre (cuento sobre una traición + esquina + foto familiar)

Agustina Mena Grande 

Comisión 05, profesor Santiago Castellano.

Hacer un cuento sobre una traición que incluye una descripción de la foto familiar y de la esquina.  

Modalidad individual. Primera escritura.


El quiebre.

Una mañana fresca de Julio, Olivia iba caminando hacia lo de su abuela, Jacinta, quien le había prometido de almorzar un rico guiso caliente si iba a visitarla. Mientras avanzaba por la vereda, observaba las casas de la cuadra mientras escuchaba su podcast favorito, La sillita. Cuando llegó a la esquina, antes de cruzar, se detuvo unos segundo frente a una casa blanca con un ventanal cuadrado en el centro. Se preguntó qué podría haber allí. ¿Tal vez una especie de vivero? El sol daba de lleno durante gran parte del día, por lo que parecía un lugar ideal para plantas. 


El semáforo del muñequito cambió a blanco, indicando que ya podía cruzar la calle con tranquilidad. Continuó su recorrido mientras imaginaba qué haría ella si tuviera un espacio como ese, una especie de balcón de cristal desde donde observar el barrio. 


Menos de cinco minutos después llegó a lo de su abuela. Jacinta la esperaba en la puerta sentada, fumando un cigarrillo mientras miraba para todos lados, atenta a cualquier chismerío que pudiera surgir entre los vecinos. Se saludaron con un fuerte abrazo y la invitó a pasar; “Dale que ya está lista la comida”, le dijo sonriendo. 


Apenas cruzó la puerta, dejó la campera sobre el pequeño mueble de la entrada. Entre unas llaves, correspondencia vieja y un florero celeste con algo apoyado detrás de él, casi oculto, llamó su atención. Olivia corrió levemente el jarrón para ver mejor de qué trataba aquel objeto. Era un marco dorado con una fotografía. 


Dos personas posaban muy cerca una de la otra mientras observaban fijamente hacia el camarógrafo. Ambos vestían ropa elegante. La imagen parecía ser antigua, ya que estaba en blanco y negro y mostraba algunas marcas del paso del tiempo. 


La observó apenas unos segundos y luego la regresó a su lugar de forma inmediata, antes de seguir caminando hacia el comedor donde su abuela la esperaba con el guiso servido, listo para comer. 


Lo que Olivia no sabía era la historia detrás de esa fotografía. Ni que una de las personas que aparecía en ella había cometido algo terrible. 


Nunca había sabido demasiado sobre sus bisabuelos. Cada vez que preguntaba por ellos, Jacinta cambiaba de tema o respondía con evasivas. Tampoco recordaba haber visto fotografías suyas. Por eso aquella imagen resultaba extraña. ¿Por qué su abuela la conservaba? Y si realmente quería conservarla, ¿por qué estaba escondida detrás de un florero? 


La respuesta tenía más de cincuenta años y era mucho más complicada de lo que Olivia podía imaginar. 


Mientras comían en silencio, Jacinta evitó mirar en dirección a donde se encontraba la fotografía. Era un gesto pequeño, casi imperceptible. Olivia no lo notó, estaba perdida en sus pensamientos tratando de descifrar si aquellas dos personas eran realmente sus bisabuelos. 


Y lo eran. 


Lo que Olivia no sabía era que esa fotografía había sobrevivido a una historia que casi nadie en la familia se animaba a nombrar. Durante años permaneció guardada en una caja, lejos de la vista de cualquiera y de las preguntas. No porque estuviera rota, eso Olivia lo pudo comprobar. Había otros motivos. 


A simple vista parecía un matrimonio común pero, en realidad, se estaba ocultando algo. Nadie habría imaginado, al observar aquella foto, que años después esa misma mujer tomaría una decisión capaz de destruir varias vidas. Para ese entonces, Jacinta todavía era una simple niña que no entendía nada de la situación. 


La casa donde vivían no quedaba lejos de aquella esquina por la que Olivia había pasado unos minutos antes. En esos años el barrio era distinto: las calles eran más silenciosas, los árboles más pequeños y los vecinos parecían conocer cada detalle de la vida de los demás. Fue precisamente allí donde comenzaron los rumores. 


Al principio eran comentarios al pasar. Conversaciones que se apagaban cuando alguien se acercaba demasiado. Nombres pronunciados en voz baja. Personas que desaparecían de un día a otro sin dar explicaciones. 


El marido de aquella mujer trabajaba para la policía. No era un hombre especialmente importante, pero conocía el peligro que implican ciertas acusaciones en aquellos tiempos. Ella también lo sabía. Por eso nadie entendió lo que hizo. 


Una tarde se presentó ante las autoridades y denunció a un grupo de vecinos. Afirmó haber escuchado conversaciones sospechosas. Dijo que algunas reuniones se realizaban a escondidas y que ciertas personas estaban involucradas en actividades que consideraban peligrosas. Muchas de aquellas acusaciones eran falsas. Algunas nacieron de chismes. Otras de viejos resentimientos. Y unas pocas fueron inventadas por completo. Las consecuencias llegaron rápido. 


Hubo allanamientos. Interrogatorios. Familias enteras que dejaron de verse de un día para otro. Personas que jamás volvieron al barrio. Entre ellas estaba un amigo muy cercano del hombre de la fotografía. Alguien a quien había conocido mucho antes de casarse. Alguien que confiaba en ellos. 


Cuando descubrió lo ocurrido, intentó convencer a su esposa de retirar la denuncia. Discutieron durante semanas. Sin embargo, ya era demasiado tarde. 


Aquella fue la última vez que Jacinta vio a sus padres actuar como una familia. Nunca volvió a escuchar una conversación normal entre ellos. Nunca volvió a verlos sentarse juntos a la mesa, jugar a las cartas o mirar la televisión en el sillón después de cenar. Con el tiempo, los silencios ocuparon el lugar de las palabras. Las puertas comenzaron a cerrarse con más fuerza de la necesaria. Las comidas se hicieron más cortas. 


Y aunque años después la verdad terminó saliendo a la luz, el daño ya estaba hecho. Por eso la foto permaneció escondida durante tantos años. No porque Jacinta hubiera olvidado. Sino porque recordaba demasiado. 


“Abuela,” preguntó de repente Olivia, dejando la cuchara sobre la mesa, “¿Quiénes son las personas de la foto que está en la entrada?”


Por un instante, el único sonido que se escuchó fue el de los autos pasando por la calle. Luego, Jacinta suspiró. Sabía que tarde o temprano esa pregunta iba a llegar.

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